martes 23 de octubre de 2007

El Caso de Mía Valentina

Hay tantos elementos que analizar, que para no mezclar las cosas, vamos a separarlas.

Por una parte, la campaña que vienen llevando a cabo los padres de Mía es loable. Cualquier padre o madre movería cielo y tierra por el bienestar de su hijo/a, naturalmente. Hay que sumar a esto, las facilidades de relacionamiento que ellos -los padres de Mía- tienen, y que les favorece en el momento de obtener adherentes a su campaña. Hasta aquí, vamos bien. Siguiendo dentro de este mismo punto, hacemos el primer cuestionamiento: ¿cuál hubiera sido el resultado si sus padres hubiesen sido personas comunes de pueblo, sin los contactos necesarios para mover toda la maquinaria social?

Por otro lado, la adhesión de medios masivos de comunicación, organizaciones sociales y empresas privadas a la causa de Mía es igualmente loable, y de ningún modo discutible. Siempre tiene que haber una primera vez para que ello ocurra. Ahora el punto es: estos medios, organizaciones y empresas, ¿hubieran efectuado el mismo -repito: el mismo- despliegue de recursos si se tratase de una familia de otra posición socioeconómica?

Es harto sabido que el Estado está casi ausente en la temática social. No contamos con él, y por lo tanto no le metemos en la discusión. Es otro tema.

Por último, la cuestión no pasa por los muchos o pocos millones que una sola persona necesite para resolver su situación. Una campaña como esta podría bien estar orientada no solo a un caso específico, sino a uno institucional: si después de esto se llegase nuevamente a extremar recursos con una campaña como la de Mía, con la misma cantidad de dinero obtenida no solo podría ser asistido un solo paciente, sino centenares.

Yo doy mi apoyo para la causa de Mía Valentina, pero que este precedente nos sirva para que la próxima vez que alguien necesite, podamos exigir el mismo -repito: el mismo- trato a todos los medios, empresas y organizaciones que se involucraron en esta ocasión.